RESEÑA – Heidi

Hoy me gustaría echar la vista atrás para hablar sobre una de las obras de Anime que mayor impacto tuvo en nuestro país, y que sin duda marcó la infancia de toda una generación al igual que lo hicieron también obras como Mazinger Z, Comando G, o Candy Candy.

La obra de la que quería hablaros no es otra que la inolvidable Heidi (Alps no Shoujo, “La niña de los Alpes”, en su versión original de 1974), todo un icono como decía para una generación como la mía (es decir, de treintañeros para adelante, los que estamos ya cerca de la edad de jubilación).

Pero… ¿qué tenía esta serie para hacerla tan irrepetible? Bueno, la respuesta es fácil a priori, ya que en aquella época había contadísimas series de animación japonesa emitiéndose por las entonces aún más escasas cadenas de televisión. Sí, pensarán algunos, pero entonces había una fácil opción: si la serie tampoco era nada del otro mundo pues no la veías y punto. Siempre podías salir a la calle a apedrear farolas o ir a dar balonazos contra una pared (que conste que no hablo en nombre propio, pues yo era de lo más “tranquilito” del mundo, tan solo ponía ejemplos de “actividades habituales” de los de mi “quinta”).

Pero resulta que la serie SÍ era algo del otro mundo. Una encantadora historia, un dibujo amable y muy agradable de ver, unos personajes inolvidables con los que fácilmente conectar (algunos para adorar y otros ciertamente para odiar, como la inolvidable Srta. Rottenmayer, villana a la que aún a día de hoy cuesta encontrarle parangón), y un sinfín de cualidades más.

La serie adaptaba la novela de la escritora Johanna Spiry, un relato infantil sobre las aventuras y desventuras de una pequeña niña llamada Heidi, que la serie de animación japonesa llevaría a nuestros hogares con las entrañables imágenes que para siempre se han quedado ya grabadas en la mente de todos. Después se han hecho numerosas adaptaciones en otros formatos, como series de T.V. y películas de imagen real, pero está claro que la imagen que todos tenemos de Heidi es y será para siempre la imagen inconfundible de la serie de Anime.

¿Infantil, por cierto? Pues relativamente hablando, desde luego. La primera impresión visual nos dice que sí, pero si contemplamos todos los aspectos a parte del meramente estético nos daremos cuenta que no, que la serie iba mucho más allá de esta sencilla apariencia.

El argumento de la serie era crudo, dramático y a veces hasta lacrimógeno a más no poder. Pero siempre, y por increíblemente mal que lo estuviera pasando la protagonista de nuestra historia, había un rayo de esperanza que el espectador enseguida notaba y al que podía agarrarse aunque fuera como a un clavo ardiendo, con todas sus esperanzas puestas en que la situación podría (y debía necesariamente) mejorar sin duda, no sin antes haber superado un sinfín de penalidades. Éste es de hecho un elemento común a muchas de las obras de aquella época, sin ir más lejos como su serie “hermana”, Marco (también conocida como “De los Apeninos a los Andes”), obra si cabe aún más dramática incluso que Heidi, que fue tildada ya en aquella época de excesivamente dura para el público infantil al que supuestamente iba destinada.

Desde luego las series infantiles u orientadas eminentemente a un público infantil no tenían entonces las características de las actuales, siendo hoy en día mucho más “políticamente correctas” (cómo detesto esa expresión, por cierto) y tratando de cuidar “muy mucho” el factor dramático en sus contenidos, dosificándolo convenientemente para no “traumatizar” demasiado a los pequeños de la casa.

Pero como contrapartida careciendo en muchas ocasiones precisamente de esos valores de intentar inculcar un espíritu de superación y mostrar el mundo tal como es: duro, cruel y lleno de dificultades que se han de superar (en mi opinión, tal y como es el mundo real así  debería mostrarse también el mundo de la ficción, aunque esté dirigido a una audiencia infantil, y no hacerles ver mundos “de color de rosa”).

Porque Heidi, precisamente gracias a sus experiencias vividas y a su fuerza de voluntad, su ingenio, su buen corazón y su inteligencia, será capaz de cambiar ese mundo tan adverso, y más importante aún, será capaz de sacar lo mejor de algunas personas encerradas en sí mismas que parecían estar enfrentados al mundo tras una falsa fachada exterior. Pero fuera ya de estos condicionantes y debates éticos en torno al carácter pedagógico que debe tener una serie considerada infantil (que como decía antes a Heidi se la puede considerar así tan solo relativamente), si nos atenemos a las virtudes artísticas de esta obra ya podemos ir sentándonos y poniéndonos cómodos, porque la lista es larga de enumerar.

A todo lo antes ya mencionado de su encantador dibujo, personajes magníficamente diseñados, ambientación estupenda, etc., podemos añadir un desarrollo de la trama ciertamente variado y muy interesante en cada uno de sus episodios y arcos argumentales en general:  se nos muestra una primera etapa centrada en el descubrimiento de Heidi del mundo a su alrededor en su nuevo hogar en las montañas, junto con su inicialmente arisco abuelito (conocido en la aldea cercana como “el viejo de las montañas”), después su vida cotidiana en el poblado y en los pastos con su gran amigo Pedro, y finalmente toda la parte de Frankfurt con la que será su inseparable amiga del alma, Clara Sesseman, unos episodios éstos que alcanzan en algunos momentos una calidad excelente a nivel argumental y narrativo.

Con todo lo dicho hasta el momento, parece claro que algo puede estar “oliendo raro” en todo ésto. Porque… ¿cómo es posible que una serie como ésta atesorara todas estas virtudes si la comparamos con otras series de la época, mucho más discretas en todos los sentidos?

La respuesta surge rápidamente solo con mirar los títulos de créditos de la serie: Heidi está dirigida nada menos que por Isao Takahata (vamos, un “Don nadie”), y cuenta con el trabajo de un tal Hayao Miyazaki (que no lo conocen tampoco ni en su casa) en la dirección artística y en labores de continuidad de la serie.

De hecho, a obras como Heidi y Marco le debemos posteriormente la existencia de cierto estudio que ambos artistas decidieron fundar después, llamado Studio Ghibli, aunque creo recordar que este estudio luego no hizo más que cuatro películas mal hechas y que nadie recuerda ya…

Como todo en la vida, nada es casual ni surge de la nada. El personaje de Heidi tiene la fuerza, el arrojo y el ingenio que luego heredarían Satsuki, Kiki o Chihiro. La superación personal, el luchar pese a todas las dificultades contra la injusticia o el amor por la naturaleza seguirán luego siempre ahí, siendo la esencia misma del motor creativo del estudio Ghibli, en todas y cada una de sus producciones.

En fín, como puede comprobarse en esta peculiar revista online ante todo hay variedad. Hoy podemos estar hablando de Heidi y mañana de Urotsukidoji y otros animes de monstruos y tentáculos… desde luego que en la variedad está el gusto. Si es que a los que nos gusta el Manga y Anime en general tenemos una “amplitud de miras” que para qué contar…

Publicado el 12 septiembre 2009 en Heidi y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 8 comentarios.

  1. Me gustaría hacerte una consulta: ¿Podrías recomendarme shojos clásicos? Algo al estilo de “Georgie” o “Candy Candy” tampoco que sea excesivamente largo y que sea bueno, si es que conoces, claro.

    Muchas gracias!!

  2. Es que las obras clásicas Shoujo que enseguida me vienen a la mente ya las conoces de sobras (como las dos grandes de Ryoko Ikeda, o la Princesa Caballero de Tezuka o Sailor Moon), por lo que te puedo recomendar una no Shoujo pero sí un poco “en la línea” clásica y encantadora de Heidi, como es “La familia Robinson”, o también otro clásico irrepetible que todo el mundo debería ver como es “Conan, el niño del futuro”. Si no estás muy segura de verlas espérate un poco que de ambas pienso hablar aquí en sendas reseñas.

  3. Hombre también está Ana de las Tejas Verdes (aunque Conan es muy buena, imprecindible diría yo), Eriko (por la música sobretodo) y alguna más que no recuerdo ahora mismo.
    Yo recomendaría Transformers pero no creo que os pegue … XDDD.

  4. Je, je… bueno, “Transformers” desde luego que no es de mi estilo. Dark Saga sí que podría hablar largo y tendido sobre ella, pero yo desde luego que no la tengo en un altar precisamente.

    “Ana de las Tejas Verdes” estaba bien… lo que habiendo aquella serie de imagen real tan buena de la misma obra sin duda recomendaría antes ésta que el anime (ojo, no confundir con el despropósito de película o mini-serie que hicieron luego, la de que se iba a la guerra como enfermera, que era muy mala comparada con la serie original…)

  5. Personalmente, si hablamos de shojo clásico, una de las series por las que me decantaría es, sin duda, “Candy Candy”. Creo que junto con la ya mas actual “Mermelade Boy”, es uno de los culebrones animados más lacrimógenos que he visto.

  6. Menos mal que dicen algo de Candy Candy … XDD. Otra que me ha vuelto a la memoria es Mujercitas, o incluso Yawara que aunque el tema principal es el judo, también tiene su vertiente romanticona-cómica (pero esta es muy laaarga).

  7. Ahhhh Heidi…
    La recuerdo con tanto amor y cariño… Esta serie eran tan bella que incluso a mi abuelita le gusta… Con esta serie, junto con “El Hombre Araña y sus Sorprendentes Amigos”, “Meteoro” o “Winnie Pooh”, pase los mejores años de mi infancia sentándome frente al televisor a ver las aventuras de Heidi, Pedro, Copo de Nieve, Clara y el Abuelo después de regresar de la primaria… Y como no recordar el tema de inicio “Abuelito Dime Tu” que aun ahora me hace recordar mi infancia y soltar una que otra lagrima…

    Como siempre Sig, excelente tu reseña…

  8. Gracias por el comentario, iFock.

    Hay clásicos que por más que pase el tiempo nunca pasarán de moda.

    Un saludo.

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