El amor hacia los fans… sobre todo hacia su dinero

Pensándolo fríamente lo cierto es que no soy una persona demasiado “fan” de ningún autor en concreto de Manga o Anime. Tengo por supuesto, como supongo que todo el mundo, a un conjunto de autores destacados entre todos los que conforman esta gran industria a los que considero como mis “favoritos”, pero tampoco pasan en total de una docena. Mi “devoción” personal por estos autores en particular tampoco va para nada en la línea del “fanatismo” ciego tan presente en este mundillo, de conocer hasta su fecha de nacimiento y la matrícula de su coche, sino más bien al contrario, siendo por lo general en mi caso bastante crítico y exigente con sus obras. Únicamente de este reducido grupo de autores que más me gustan suelo estar al día de sus más recientes lanzamientos, para ir siguiendo su carrera y leer (o ver, si se trata de Anime) más o menos todo lo que vayan sacando al mercado y que no se me “escape” nada o casi nada. Para todo el resto de autores tan solo prevalece únicamente por mi parte el criterio objetivo de valorar la obra “en sí”, por encima de quien la firme. Y ésto es así ya se apellide Otomo, Katsura, etc., pues para mí lo importante ante todo es la obra y no me deslumbra ningún apellido famoso.

Por este motivo en mi ya amplia colección de Manga, Anime y merchandising relacionado (Art-books, discos de música, figuras, pósters, etc.), si hay algo que brilla por su ausencia son precisamente obras firmadas por autores de renombre, ya que como digo para mí lo crucial y decisivo es la obra ante todo, más que su propio creador o creadora. En este sentido me hace gracia ver en las librerías cómo los autores de cierto éxito, según van sacando nuevas obras al mercado, van viendo ampliado el tamaño de sus apellidos en la portada de cada nueva novela que sacan, a la vez que el título de las obras va empequeñeciendo progresivamente. En algunas ediciones ésto acaba siendo ya casi de risa, ocupando el famoso apellido del autor de turno casi una cuarta parte de la superficie de la portada, y en cambio el título del libro hay que acabar buscándolo con lupa. Mala señal cuando nos quieren vender así una obra literaria.

Pues bien, con estos antecedentes creo que se entenderá mejor el motivo de mi malestar por algo que me sucedió en un Salón del Manga hace un par de años, y mi posterior enfado (creo que perfectamente justificado) por lo que descubrí algún tiempo después en cierta web oficial que luego os mostraré. Como creo que ya he dejado claro en mi exposición inicial, ni me considero fanático, otaku, ni nada remotamente parecido a lo que solemos visualizar cuando pensamos en esas palabras. Ni me visto de “cosas raras”, ni hablo en la lengua de Vulcano ni voy a los estrenos de Star Wars haciendo antes dos días de cola en la calle para ser el más friki entre los frikis y regodearme de ser el fan nº 1 del mundo. Lo único que reconozco tener es como digo una amplia y ya importante colección de obras y material relacionado con el mundo del Manga y el Anime, pero en un plano más de coleccionista tipo “ratón de biblioteca” que de “fan compulsivo”.

Pues resulta que en el Salón del Manga de 2007 uno de los autores invitados fue el gran ilustrador y diseñador de personajes Range Murata, muy conocido por sus particulares diseños futuristas, de lo más originales y encantadores (sobre todo por su delicadísima manera de dibujar a los personajes femeninos). Yo conocía ya el trabajo de Range Murata desde sus diseños para la serie de O.V.A.s de Blue Submarine nº 6 y de algunos de sus Art-books, pero si por algo me fascinaba este gran autor fue por su colosal trabajo para la serie de T.V. Last Exile, la obra maestra del estudio Gonzo. A pesar de ser una obra relativamente reciente (fue lanzada en el año 2003), Last Exile se ha acabado conviertiendo en una de mis obras favoritas en general, y en cuanto al formato concreto de “Serie de T.V.” sin duda es la nº 1 entre los cientos de series que habré visto ya a lo largo de mi vida.

Cuando me enteré que Range Murata estaba invitado al salón de ese año me alegré enormemente y acudí ilusionado el día señalado, llevando conmigo el primer volumen de la edición española en DVD de Last Exile (editada por Selecta Visión) deseando fervientemente ver su firma ahí estampada para la posteridad en mi serie de T.V. favorita. Tras hacer la pertinente cola como todo el mundo, llegó el momento en el que estaba ya casi en frente de Murata, precedido tan solo por aquellos a los que les estaba firmando en ese momento, cuando uno de los encargados del Stand donde estaba firmando el autor (el stand de Glénat), fue diciendo a los que estábamos en la cola que el Sr. Murata tan solo firmaría productos editados por Glénat, pues así estaba establecido “por contrato” al ser Glénat quien había traído a Murata al Salón (así nos lo dijeron a todas las personas que hacíamos cola).

Yo por supuesto me quedé algo chafado, con un DVD de Last Exile en las manos que no podría ser firmado “por contrato”. Para colmo, el día anterior había visitado ya el Salón para hacer el “grueso” principal de las compras que realizo cada año, y precisamente en el Stand de Glénat me había comprando los dos primeros libros de la revista de cómics a todo color “Robot“, coordinada por Murata, y un set de dos láminas del mismo autor editadas con motivo de su visita al Salón (vamos, para que la gente se las presentara para ser firmadas y no tuvieran que comprarse necesariamente los libros de Robot). Como el día de las firmas yo estaba allí en plan “ligero”, sin ir cargado con todo lo que me había comprado el día anterior, y me encontré que el DVD no podría ser firmado “por contrato”, tuve que comprar un nuevo set de láminas para no quedarme al menos sin un autógrafo. En total: dos libros y dos sets de láminas que sumado todo rondaría sobre unos 70 €, que no es desde luego moco de pavo. Yo comprendo perfectamente la postura de Glénat: ellos se han ocupado de traer al artista y eso comporta unos importantes gastos, así que la decisión de que tan solo firmara productos de Glénat es de lo más comprensible.

Con la gran decepción que me produjo ésto, pero en un tono siempre correcto y sereno, hablé con el responsable y le comenté todo lo que había comprado en el Stand de Glénat, y, si a pesar de ello, podían realmente tener alguna pega en que el autor me firmara aquél DVD a pesar que fuera de otra compañía, pues el gasto (y bastante importante por cierto) en productos de Glénat yo ya lo había hecho (que es en el fondo lo que le interesa a una compañía al traer a un autor). Pero la norma era la norma y así estaba estipulado “por contrato”. Resignado, cuando llegó mi turno presenté ante el autor mi (segundo) set de láminas que había comprado en el Stand y Range Murata amablemente estampó su firma acompañada de mi nombre en japonés y  un pequeño dibujo al lado.

Cuando ya me iba, el encargado con el que había hablado antes le pidió a la agente de Murata si el autor tendría a bien firmarme una segunda lámina, comentándole el encargado que yo había comprado muchos productos relacionados con Murata en el Stand de Glénat y que querían tener esa deferencia especial conmigo. El autor de nuevo amablemente estampó su firma en la segunda lámina, pero esta vez lo acompañó de un pequeño dibujo que, según el encargado del Stand, no le había dedicado a nadie de los que habían pasado hasta entonces por allí. Por supuesto me encantó este gran detalle que tuvieron conmigo y se lo agradecí sinceramente al encargado de Glénat, pareciéndome un gesto digno de elogio que desde luego levantó mi ánimo. Pero al final del día, cuando revisaba en mi casa todo lo que había traído conmigo del Salón aquél día, y veía las dos láminas firmadas pero el DVD tal y como me lo había llevado, la sensación sin duda no pudo ser menos que agridulce.

Pero el enfado al que me refería al principio del artículo no surgió en modo alguno por esta circunstancia ocurrida durante el Salón. No, ni mucho menos. Como ya he dicho, comprendo perfectamente la postura de Glénat y, siendo ellos quienes han traído al autor y han hecho la inversión económica necesaria para ello, están perfectamente legitimados para decidir que el autor al que traen tan solo firme los productos de su compañía y no otros. Cada compañía establece sus normas, como por ejemplo cuando Norma Editorial trajo hace unos años a Masakazu Katsura al Salón y no tuvo inconveniente en que éste le firmara a los entusiasmados fans ¡hasta en la propia ropa! (y no digo en qué prendas…)

En este sentido ninguna objeción a Glénat por mi parte. Todo lo contrario, estoy agradecidísimo por el detalle especial que tuvieron conmigo y que no esperaba en absoluto, como así se lo comuniqué al responsable del Stand. Lo que me provocó un monumental asombro y el lógico enfado posterior fue ver ésto algún tiempo después en la web oficial de Glénat, en el reportaje que publicaron dedicado al Salón del Manga de aquél año:

http://www.edicionesglenat.es/asp/reportaje.asp?pid=216

Fragmento del reportaje del Salón del Manga 2007:

(…)

Un aparte se merece la revista Robot y su autor Range Murata, invitado por Glénat y Ficomic a participar del Salón. Resultó que el señor Murata, a pesar de haber estado inédito en España hasta la publicación del número uno de Robot tiene una base de seguidores por aquí más fieles que el mono de Marco. Amable y sereno, el hombre firmó todo lo que le pusieron delante: láminas, revistas, papeles en blanco, muñecas, y hasta blisters de esas mismas muñecas. Un verdadero crack que atendió además a todos los periodistas que quisieron entrevistarlo (y fueron muchos) con la mejor predisposición. ¿Qué se le puede decir? Arigato, Murata-San, vuelva cuando quiera que esta es su casa.

(…)

Un momento, un momento… ¿qué es eso de que “firmó todo lo que le pusieron delante”?, ¿¿¿hasta “papeles en blanco”???, ¿¿¿”muñecas y hasta blisters de esas mismas muñecas”??? Una de dos: o yo no fui a ese mismo Salón del Manga del que se está hablando sino a uno de una “dimensión alternativa” o aquí algo raro pasa. Porque la explicación de aquél encargado de Glénat tanto a mí como a las demás personas que hacíamos cola esperando a que nos firmara Range Murata fue clara: el Sr. Murata tan solo firmará productos de Glénat, no de otras compañías. Vaya, vaya… aquí desde luego hay algo que no cuadra. Tanto mis láminas como las del resto de la gente de la cola no eran desde luego “papeles en blanco” precisamente, sino algo que nos había costado un dinero (tampoco es que fuera “una fortuna”, pero si sumamos todas las láminas firmadas… pero vamos, más que un “papel en blanco” sí que valían desde luego). ¿Muñecas? vaya, desconocía que Glénat hiciera muñecas y menos dedicadas a obras de Murata. Yo tengo dos y no he visto que tuvieran la palabra Glénat impresa por ninguna parte, ni conozco que haya en el mercado otras que sean de esta compañía, pues hasta ahora pensaba que tan solo se dedicaban a editar cómics.

¿Qué ocurre aquí? Pues lo que es fácil de adivinar a simple vista. No es una cuestión que si éste o aquél miente, ya que en el mundo en el que vivimos desgraciadamente las formas cada vez se están perdiendo más, y no te puedes acabar fiando ya casi de la palabra de nadie. La cuestión de fondo es que se hagan las cosas única y exclusivamente siempre pensando en el beneficio económico. Sí, estamos en un mundo que es así, todo se hace por un interés, sea en el ámbito que sea, y la cuestión es ganar el máximo dinero posible. Ésto es así por mucho que nos duela, pero cuando realmente más “duelen” cosas así es cuando no nos estamos refiriendo a un ámbito económico común y elemental como podría ser por ejemplo el de la alimentación, en el que te compras un refresco, te lo bebes, sacias así tu sed en un momento dado y luego ya te olvidas que lo compraste, sino cuando nos encontramos en un ámbito como el del Manga y el Anime, un ámbito en definitiva artístico y cultural además de por supuesto poseer toda su importante vertiente comercial.

Está claro que la vertiente comercial sustenta siempre a la otra vertiente: al ámbito artístico, y sin compañías que produjeran las obras de los autores éstos no podrían sacarlas a la luz, pero hay algo que el dinero jamás podrá comprar como son las ilusiones de los aficionados que adoran esas obras, para los que un tomo de Manga vale mucho más que los 7 u 8 euros que pagan por él, o una película de Anime mucho más que los 15 o 20 euros que puedan pagar por ella (y de algunas ediciones especiales ya mejor ni hablar, pues hacen daño a la vista sus precios). No es solo “un producto más” de consumo, es todo un trabajo artístico, unas historias que nos cuentan, unos personajes con los que llegamos a sentir una especial empatía, una música que llega a lo más profundo de nuestros corazones, que todo en su conjunto no puede ser valorado con unas frías cifras económicas, pues para muchas personas eso no tiene precio.

Como decía, yo no veo en el fondo ningún tipo de malicia en todo este tema de las firmas, aunque la imagen dada por Glénat pueda resultar ciertamente patética para cualquiera de los que estábamos allí en aquella cola y que luego leímos con estupor lo que ponían luego en su web. Para mí está claro que la persona que redactó el reportaje para la web vive desde luego que en “otro mundo” diferente al de aquél encargado del Stand que, “en primera línea de batalla”, dejaba claras las condiciones a la gente a la hora de obtener su preciada firma: únicamente productos de Glénat. Sí, ya sabemos: “por contrato”… pero yo creo que las ilusiones de los aficionados, ya puedan ser éstos más o menos devotos y apasionados de un autor o una obra, estarán siempre por encima de toda clase de contrato. Sé que también hay gente muy espabilada que acude a firmas de autores famosos tan solo para vender después por eBay esos artículos, aprovechando dicha firma como un valor adicional para encarecer luego el producto. Yo lo que tengo claro es que, al menos para mí, ese DVD de Last Exile firmado por Range Murata desde luego que no tendría valor, porque no todo en esta vida se puede traducir a una fría cifra económica.

Publicado el 11 octubre 2009 en Columna de Sigfrido y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Hummm, lo había visto por encima antes y ahora tras leerlo de arriba a abajo, tan sólo puedo compartir varias cosas contigo.
    Me califico como mera aficionada, por que cada día siempre estamos expuestos a conocer cosas nuevas (me rio de los expertos o listillos, y no lo digo por tí, sino de varias personas con las que ya ni me hablo).
    Y lo del artículo supongo que no se especificaron bien: cuatro días para firmar el Sr. Murata, dos con Ficomic y dos con Glenat. Eso quiere decir que con Ficomic todo lo referente a este autor te lo podrían haber firmado y con Glenat pues ya sabemos el final.
    Yo llevaba hasta las instrucciones de un juego de Saturn con diseños del Sr. Murata …
    En fin, si me equivoco, ya sabes que me encanta que me rectifiques y me taches de huraña o fatalista … XD.
    Yo estoy esperando que venga Sho-u Tajima a Barcelona, ya que a Madrid no pude ir, y me ENCANTARÍA que me firmara las instrucciones del juego del Galerians de PSX (juegazo, por cierto!). Pero bueno como eso no va a pasar, como que tampoco me traígan a Mutsumi Inomata, o a Tomomi Kobayashi, a agua y ajo.
    Por cierto, excelente artículo (a pesar de todo :P).

  2. ¿Sabes lo que pasa?, que como decía en el artículo a mí me parece perfecta la decisión de que no firmara más que los artículos de Glénat, así estaba estipulado por contrato y punto, no hay nada que decir ahí. PERO lo que no puedo entender son luego las mentiras flagrantes aparecidas en la web. Eso es con lo que no comulgo para nada, que intenten engañar a la gente que lea ese artículo y, si no estuvieron ese día en la cola como yo y como otros, pues que piensen: “¡hala, qué “guais” que son estos de Glénat, que traen a un autor y no les importe que se ponga a firmar cualquier cosa, hasta papeles en blanco y muñecas”. Mis comentarios al respecto sobre los “papeles en blanco” y las muñecas ya los he dejado claros en el artículo…

    Ya el hecho que se lo “repartieran” así al pobre Murata para mí es lo de menos. Yo fui el primer día, me gasté un dineral entre el Stand de Glénat y otros, fui el segundo día con intención de conseguir la firma famosa en el DVD de Last Exile, y la verdad es que no me iba a presentar una vez sabido eso un tercer día para que en un Stand de Ficomic ahora sí me pudiera firmar ya el DVD. Pagar tres días la entrada como que no…

    Y por cierto, a quien le haya quedado la duda de qué prendas firmó Katsura cuando lo trajo Norma Editorial hace unos años, que en el artículo me lo he callado por pudor, decir que firmó hasta en la parte superior de unos CALZONCILLOS de un fan. Y no, los calzoncillos no eran de Norma Editorial precisamente, y no tuvieron reparo en que se los firmara.

    En fín, gracias por el comentario zinian. Supongo que el juego ese de Saturn que comentas es el de lucha aquél que sale una “Alvis” de blanco llevando una especie de mitra, ¿no?

  3. Wachenröder me refería, pero sí ese que dices también.
    Cómo se nota que no tienes “contactos” para pasar de gratis … :P.
    Por cierto, en un país de ladrones qué esperas?, la tomadura de pelo está a la orden del día, es triste y muy “denunciable” pero mientras haya fiebre y fanatismo el que quiera levantar la mano o chillar lo tiene muuuuuuuy crudo.

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