Por una comunicación responsable

Más a menudo de lo que a uno le gustaría solemos toparnos con lamentables artículos que sobrepasan en mucho los límites de lo permisible en el mundo de la comunicación, ya sea tanto profesional como amateur, algo que como en tantos otros ámbitos el mundo de Internet se ha encargado tanto de magnificar y hacer aún más visible de lo que ya era con anterioridad en el ámbito tradicional de la prensa escrita, radiofónica o televisiva.

Con este artículo me gustaría realizar una reflexión personal sobre este tema en lo que sería el ámbito concreto del manganime, pero como veréis también podría ser aplicable por extensión a cualquier otro sector de la comunicación en el que podamos pensar.

Lo primero que debemos tener presente es precisamente lo apuntado de lo que es un ámbito profesional en contra de lo que sería en cambio uno estrictamente amateur. Ambos pueden parecer a veces mundos totalmente opuestos, pero gracias precisamente al avance de las nuevas tecnologías (en especial al mundo de Internet) las fronteras se han diluído más que nunca. Podemos encontrar medios del todo profesionales que cuentan en cambio con sitios web francamente lamentables y con contenidos pobrísimos, muy por debajo de lo que cabría esperar de ellos (y más en el caso de los que vienen precedidos de un cierto prestigio en otros formatos más convencionales como en prensa escrita). En el otro lado de la balanza, podemos curiosamente encontrar sitios web 100% amateurs que a pesar de ello nos deleitan con magníficos y cuidados contenidos que más quisieran poder ofrecer muchos medios profesionales.

Pues bien, tanto en un caso como en otro, tanto para el medio profesional como para el medio amateur, existen una serie de reglas comunes que ningún medio de comunicación debería olvidar nunca con independencia de su naturaleza. Temas como la seriedad, la credibilidad, la veracidad de las informaciones, la racionalidad en las opiniones, el cuidar las formas o el simple respeto por el prójimo son cuestiones que cada vez parecen ser menos importantes por increíble que parezca en este bendito mundo en el que vivimos. Se trata además de normas básicas de convivencia entre personas racionales, reglas que atienden en la mayoría de los casos al simple sentido común (que ni siquiera hace falta por tanto plasmar en un “Libro de estilo” o en un “Código ético” que pudiera tener de hecho una publicación seria), pero como vemos con demasiada frecuencia en los medios eso es algo que cada vez parece más “pasado de moda”, y muchos creen preferible recurrir a la polémica, a la provocación, al insulto gratuito o a la descalificación interesada, con el único fin de atraer la atención del público a costa de lo que sea, con un estilo tan agresivo como carente de valores, que tan solo evidencia en definitiva las propias carencias comunicativas de quienes optan por emplear esos medios tan deleznables.

Supongo que entre los fans veteranos muchos recordarán aún las patéticas campañas anti-“serie de éxito de turno” que ciertos personajes acaudillaban en las revistas de prensa escrita de nuestro país allá por la segunda mitad de los años 90, cuando aún eran rentables éstas debido precisamente al “boom” del manga que había habido en la primera mitad de esa década gracias a las “series de éxito de turno”. Creo que todos sabemos ya sobradamente a cuáles nos referimos: Dragon Ball, Saint Seiya, Sailor Moon, continuando luego con Neon Genesis Evangelion, One Piece y entrando ya en la década siguiente con Naruto como máximo exponente en este sentido. Todas esas grandes obras han sido tan adoradas por las masas como masacradas sin contemplaciones por la supuesta “crítica especializada”, propiciando además que algún que otro de los mencionados “personajillos” que aparecieron en esos medios adquirieran una cierta notoriedad pública a base de la mofa, el insulto y la descalificación a la obra en cuestión o, lo más grave de todo, a sus aficionados (lo cual es algo que me resulta ya a nivel personal de lo más repulsivo).

Creo que a pesar del tiempo transcurrido los más veteranos aún recordarán cosas como que Sailor Moon era una basura tan sólo apta para niñas pequeñas, Saint Seiya una obra tan sólo para “maricas”, por no mencionar denominaciones tristemente célebres acuñadas en nuestro país como la de “Dragonbabosos”, para referirse al público más acérrimo e incondicional de la gran obra de Toriyama. En principio bien es cierto que pretendidamente quería hacerse aplicable ese desafortunado término tan solo a aquellos “otakus” más irracionales y radicales de la obra de sus amores (que no cabe duda que podían llegar a dar vergüenza ajena en algunas convenciones por sus actitudes extremas), pero con el tiempo lamentablemente se aplicaba ya con carácter general a todo aquél que simplemente fuera fan de la obra, sin distinción, lo cual era lo realmente grave al notarse ya claramente cómo lo único que se buscaba con ello era la mera provocación (y más cuando quien lo acuñó no era precisamente un ejemplo de buen comportamiento en grandes eventos ni en sus artículos de prensa). Este término curiosamente luego sería también adaptado a los fans de otras obras como los “Narutobabos”, así como otros lamentables ejemplos que podemos encontrar aún a día de hoy en Internet.

Creo que a nadie extraña a día de hoy que entre los más radicales grupos de fans de obras declaradas como “rivales” se puedan dar éstos y otros términos aún mucho peores para referirse con desprecio entre ellos, pero aquí lo realmente grave como decía es que desde medios supuestamente profesionales se pudieran llegar a consentir tales barbaridades a nivel editorial y hacer de ellas incluso un triste argumento de venta más. Por fortuna para todos, personajillos de este tipo (a los que deliberadamente no me referiré por su nombre, pues de ese modo estarían logrando en definitiva su objetivo de que se siga hablando de ellos) con el tiempo se han auto-borrado del mapa conscientes de su propio desgaste (vamos, que a nadie le interesaba ya lo que dijeran) y de que en definitiva no aportaban nada constructivo sino que lo único que generaban no era más que odio y confrontación entre el público. Con este panorama, y al no poder obtener ya el menor beneficio propio de la industria supuestamente de sus amores (y que en definitiva era la que los sustentaba), el mundo de Internet nos ha hecho al menos el favor de diluir por completo su presencia en los medios.

Bien es cierto que luego han surgido otros “curiosos elementos” que han pretendido seguir sus lamentables pasos, pero por fortuna el público ya ha adquirido una cierta experiencia a lo largo de los años y ha aprendido enseguida a “verles el plumero” a estos peculiares personajes, descartándolos enseguida y prefiriendo seguir a auténticos conocedores de la industria que, con criterio, seriedad y buenas maneras hacen otro tipo muy diferente de divulgación del manganime que resulta constructiva y verdaderamente provechosa para el aficionado. Al menos a todos aquellos personajillos les quedará como último recurso la opción de fichar por alguno de los numerosos programas del corazón de nuestra querida telebasura, donde quizá se puedan seguir sintiendo como pez en el agua por su peculiar manera de entender la comunicación.

Hoy en día, en el que la inmensa mayoría de las revistas en papel nacidas en los años noventa ya pasaron a mejor vida, afortunadamente podemos encontrar buenos medios digitales en el panorama informativo de Manga y Anime en Castellano (tanto profesionales como amateurs), gracias a los cuales podemos estar puntualmente informados de la actualidad y de los próximos lanzamientos que están por venir, teniendo a nuestro alcance información al detalle de prácticamente cualquier tipo de obra que nos pudiera interesar (y si en un sitio no hablan de la misma en otro lugar tarde o temprano acabaremos encontrando información sobre ella), pero en definitiva tan accesible y de una forma tan rápida como nunca antes había sido posible. Ahora con un solo click de ratón podemos acceder a cuanta información deseemos de cualquier tipo de obra, cuando hasta no hace tanto debíamos esperar pacientemente a que a nuestro quiosco llegara cada mes el nuevo número de una determinada revista (y rezar por supuesto además para que hablaran de la obra en concreto de la que deseábamos conocer más detalles). El ámbito informativo se ha expandido además notablemente ya que, a parte de todos los medios profesionales y semi-profesionales que existen en la actualidad, hay que sumarles también todos aquellos sitios web creados por los propios aficionados (en especial blogs y foros de opinión) que en muchos casos pueden complementar e incluso suplir ampliamente a los otros, pero siempre claro está cuando dichos medios estén enfocados con la suficiente seriedad, conocimientos y apariencia al menos de “profesionalidad” en la medida de lo posible.

Pues bien, tanto en un caso como en otro, tanto en medios profesionales como amateurs, la exigencia que comentada al principio de tener que respetar siempre unas reglas básicas en la comunicación resultan hoy por hoy aún más indispensables si cabe que nunca. En los últimos años los medios han facilitado que cualquiera que se lo proponga pueda convertirse en generador de contenidos y opiniones en Internet, lo cual es algo ciertamente digno de aplauso y constituye un gran avance en las relaciones sociales en un mundo cada vez más globalizado, pero ello sigue comportando de manera indisoluble una gran responsabilidad que nunca debe dejarse de lado. Ni cuando antiguamente uno sacaba (con más voluntad que medios) un modesto fanzine a base de fotocopias y grapas, ni cuando a día de hoy alguien crea una llamativa bitácora para hablar sobre su afición favorita. En un caso u otro en definitiva lo que se va a producir es un contenido que otros pueden leer y que pueden generar una opinión y hasta debates encendidos dependiendo de la magnitud y el alcance que puedan tener, y si no se cuidan muy especialmente las formas al final lo único que van a hacer es restar en vez de sumar en el ámbito de nuestra afición favorita.

Un claro ejemplo de ello (y que me sucedió hace tan solo unos días) fue la desagradable experiencia como lector de encontrarme en un medio anglosajón supuestamente serio un sorprendente artículo centrado en la figura de la seiyuu Yukana Nogami, pero no en lo que en definitiva debería ser como hablar sobre propiamente su trabajo como actriz de voz, sino que se centraba en resaltar su supuesta “mala reputación” personal dentro de la industria y se cuestionaba su falta de profesionalidad y de compromiso al no poder atender papeles ya pactados en ciertas series simplemente por cuestiones de agenda (lo que se conoce en el mundillo como una duplicidad de papeles solapados debido a una mala planificación contractual).

Pero el descrédito hacia ella no acababa ahí ni por asomo, pues luego venía algo mucho, mucho peor: citándose unas fuentes tan cuestionables como un hilo temático dedicado (por sus detractores) en exclusiva a ella en un conocido imageboard, a Yukana se la venía a acusar directamente de conseguir sus papeles por acostarse con el directivo de turno en vez de por su talento como seiyuu (a qué nos recordará ésto por cierto del vergonzoso mundo de la prensa rosa…), llegando incluso a citarse el nombre de papeles concretos como el de Four Murasame de la popular Mobile Suit Zeta Gundam, que pasó a interpretar Yukana en las películas recopilatorias de los años 2004 a 2006 reemplazando a Saeko Shimazu, la seiyuu que la había interpretado con anterioridad en la célebre serie de 1985.

No cabe duda que Saeko fue en su momento una buena seiyuu (interviniendo en importantes obras como Lamu, Dirty Pair, Ranma 1/2 o El Hazard), pero como digo “en su momento”, es decir, en los años 80 y hasta mediados de los 90, pero que a partir de ahí los estudios de animación ya no contaran con ella como antaño no es algo de lo que obviamente Yukana pudiera tener la menor culpa, sumado además al hecho notorio de la avanzada edad que la veterana Saeko Shimazu (nacida nada menos que en 1959) presentaba ya en el momento de aquellas películas realizadas del 2004 al 2006. Bien es cierto que fantásticas seiyuus veteranas como Masako Katsuki, Kikuko Inoue o Miki Itou siguen encarnando aún a día de hoy a personajes juveniles, pero es precisamente porque su privilegiada voz así se lo permite y los estudios de animación siguen por tanto confiando en ellas. Así pues, por motivos estrictamente profesionales y para nada “sentimentales”, pues en la dura profesión de seiyuu nadie, absolutamente nadie, tiene su papel necesariamente garantizado para siempre. Sin ir más lejos, auténticos ídolos de masas como los célebres personajes de Kan’u Unchou, el Capitán Harlock o Roy Mustang variaron de seiyuus y nadie se rasgó las vestiduras por ello.

Acusar a una profesional como la copa de un pino como ha demostrado ser Yukana a lo largo de su exitosa trayectoria como seiyuu (C.C. en Code Geass, Honoka/Cure White en Pretty Cure, Mashiro en Mai HiME/Mai Otome, Teletha Testarossa en Full Metal Panic, Meiling en Cardcaptor Sakura y así un largo etcétera) de nada menos que lograr supuestamente sus papeles en función de con quién se acuesta (como si se tratara de una “actriz de tercera” dotada tan solo de un físico agraciado) no sólo es algo de lo más descabellado, ridículo y hasta absurdo, pues de ser así las primeras resentidas habrían sido las propia obras en las que ella hubiera participado (y en cambio tan solo hay que ver los grandes éxitos que fueron todas y cada una de las anteriormente citadas), sino que es algo que además atenta directamente contra su honorabilidad y que sobrepasa en mucho el debido respeto que a cualquier persona se le debe profesar siempre. Más aún cuando ésto proviene además no ya de la opinión de un simple particular sino de medios públicos de comunicación, ya sean éstos profesionales o amateurs incluso, pues toda la repercusión que pueda tener esa información difamatoria allá donde llegue puede hacer un daño a su imagen difícilmente mesurable y menos aún reparable.

Pero por suerte el aficionado medio no es tonto y, lejos de creerse sin más los chismes de esta calaña, demuestran también que saben pensar por sí mismos tal y como evidenciaron en algunos comentarios que dejaron de respuesta a continuación de tales acusaciones, preguntando directa y muy acertadamente si tenían acaso alguna prueba de las barbaridades que se estaban afirmando. Por respuesta, como suele suceder en estos casos: un vergonzoso silencio… pero el daño ya esta estaba hecho, que es lo que a muchos tan solo les importa.

Sé que alguien tras leer este simple ejemplo bien pudiera pensar que me molestó el leer esas calumnias sobre Yukana tan solo por el hecho que a mí en lo personal me pueda gustar dicha seiyuu (es más, quien me conoce sabe que Yukana no es que me “guste” tan solo, sino que la adoro y la admiro como a pocas), ¡pero es que si se hubiera tratado de cualquier otra seiyuu mi indignación hubiera sido exactamente la misma!, incluso de haber sido alguien como la controvertida Aya Hirano el objeto del artículo (seiyuu a la que también sabe quien me conoce que no es que le tenga precisamente un gran afecto, y de la cual abundan ya no sólo numerosos “anti-hilos” temáticos en imageboards y foros de opinión sino que tiene hasta clubs enteros de detractores). Pues bien, a la polémica Aya la hubiera defendido en ese mismo supuesto con exactamente la misma vehemencia y convencimiento que ahora, pues la cuestión de fondo hubiera seguido siendo en esencia la misma: el respeto debido a una persona como tal, con independencia de cualquier circunstancia que le pudiera afectar.

Y aquí habría que añadir además una importante cuestión que a menudo los fans parecen olvidar a tenor de sus apasionados (y descontrolados) comportamientos que tanto afloran sobre todo en foros de opinión, imageboards y blogs: puedes criticar, descalificar, ironizar y hasta mofarte de todo tipo de personajes de ficción de las más variadas series de Manga y Anime, pero otra cosa muy diferente es hacerlo de personas reales como sus autores, seiyuus, etc. Ésa es una frontera que resulta preocupante que se traspase tan a la ligera en tantas y tantas ocasiones en los tiempos que corren.

Hablando sin tapujos: uno es perfectamente libre de pensar y hasta de proclamar en público que el bueno de Luffy le parece retrasado mental o que Haruhi no es más que una furcia (pues no dejan de ser opiniones personales con las que se podrá estar o no de acuerdo, y que obviamente no van a hacer el menor “daño” a un personaje que en definitiva es de ficción), pero la gente que llega a decir sin ningún pudor por ejemplo que los seguidores de One Piece son gilipollas o que Aya Hirano es la mayor golfa de Japón (y me estoy limitando a citar ejemplos ampliamente conocidos por todos) es que realmente tienen un serio problema al no saber cuándo han traspasado ya la frontera de lo inadmisible. Quizá podáis pensar que en definitiva éstos no son más que ejemplos puntuales y hasta algo extremos, pero cuando uno luego presencia absurdas disputas en vivo entre fans radicales de las series más populares (que llegan incomprensiblemente al terreno de la violencia verbal y hasta la física) o casos como el de la ya referida Aya Hirano (que ha sido víctima de amenazas de muerte reales por parte de sus antiguos fans) entonces es cuando francamente como digo hay que empezar a preocuparse en serio porque se puedan llegar a dar casos como éstos. Y ahí los medios de comunicación (clásicos y modernos) sí pueden hacer mucho por tratar de evitar que se siembren estas indeseables semillas de odio.

Todo aquél que disfrute de la posibilidad de tener un medio de comunicación a su disposición, ya sea profesional o no, es en definitiva un comunicador que no únicamente debe pensar en que la sagrada libertad de expresión le va a amparar en todas y cada una de las cosas que diga, por más descabelladas que éstas puedan ser, sino que a parte de poder disfrutar de este privilegio (y digo privilegio porque en muchos países del mundo ya sabéis lo que por desgracia cuesta el poder ejercerlo libremente), también va a ir obligatoriamente acompañado de una gran responsabilidad en lo que nos proponemos transmitir. Seriedad, rigor, veracidad, respeto… todos esos son elementos intrínsecos e inalienables de una comunicación responsable, sea en el medio y en el ámbito que sea, y ya se trate tanto de profesionales que pasaron por la facultad de Periodismo como los que simplemente se dedicaron a ello procediendo de otros ámbitos o incluso entre el público en general que por mera afición guste también de realizar tareas análogas de comunicación en Internet o en cualquier otro medio. Pensad que cualquiera de nosotros que podamos en un momento dado desear transmitir algo a los demás y tengamos los mecanismos para hacerlo ya seremos por definición comunicadores, y como tales tendremos siempre una responsabilidad implícita e irrenunciable de la que en cualquier momento se nos podrá pedir cuentas. Expresémonos siempre libremente pero ante todo tengamos ésto en mente: en el mundo de la comunicación las personas más inteligentes suelen ser las que menos motivos tienen para arrepentirse luego de sus propias palabras.

Publicado el 17 junio 2011 en Columna de Sigfrido y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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