Las “batallitas” de Sig – Los años 80

Pues yo recuerdo en mis tiempos, cuando la guerra…

No, está claro que no voy a comenzar precisamente así este artículo sobre mis más nostálgicos recuerdos de infancia en lo concerniente al mundo del manganime. Trataré de hacerlo de un modo lo más ameno y desenfadado posible, ya que ésto en definitiva no es más que un artículo puramente personal de tipo “revival” con el que no quiero tampoco aburrir a nadie que decida dedicar unos cuantos minutos de su tiempo en leerlo.

Obviamente a quien más podrá interesar este artículo será a personas más o menos de mi generación (es decir, de treinta y muchos años ya), tanto por las obras que aquí mencionaré como por el propio contexto temporal en el que debemos situarnos: los entrañables años 80. Como me imagino que, a parte de quienes puedan ser más o menos de mi generación y hayan compartido unas mismas series de infancia, también pueda haber otras personas de cualquier edad que simplemente se interesen por estos temas (porque gusten de conocer no tan solo lo que se hace hoy en día sino también obras de otras épocas, para tener así una visión mucho más amplia acerca de este mundillo), pues igualmente para todos ellos o ellas les deseo también que este artículo pueda resultar de su interés.

Y es que cuando se quiere realmente profundizar en cualquier expresión artística que a uno le pueda entusiasmar (como en este caso sería el Manganime) lo mejor siempre es tener una mentalidad lo suficientemente abierta como para no “cerrarse” en un único conjunto de obras: ni por su proximidad en el tiempo, ni por su temática concreta ni por cualquier otro factor imaginable, sino ser uno lo suficientemente curioso como para interesarse por obras de absolutamente cualquier época, estilo y temática, que en definitiva es lo que mejor perspectiva nos puede dar sobre nuestra afición favorita, sea cual sea ésta.

Me gustaría por cierto dejar claro antes que nada que todas las obra que mencionaré aquí son estrictamente las que yo veía en los años 80 durante mi infancia y pre-adolescencia, no que fueran necesariamente obras producidas en esa década concreta (pues a mi país a menudo llegaban las obras de Anime con un gran retraso respecto de su emisión original en Japón), así como también debe tenerse en cuenta que mi época como mayor fan del manganime fue en los posteriores años 90 (con el “Boom” que se produjo en nuestro país), siendo en esa época cuando más obras habré visto y leído con diferencia en todos los años que llevo como aficionado, que son ya bastantes.

Precisamente muchos de los grandes éxitos producidos en Japón durante los años 80 (como Macross, Campeones, Urusei Yatsura, Kinnikuman, Nausicaä, Saint Seiya, Dragon Ball, City Hunter, Touch!, Kimagure Orange Road, Maison Ikkoku, Ranma, Bubblegum Crisis, Akira y tantas otras) a mí me tocó verlos en la dorada década de los 90 por razón de su tardía emisión televisiva o en vídeo en mi país, por lo que en este artículo como es lógico no aparecerán siquiera mencionadas (ni deben ser por tanto echadas tampoco en falta por parte del lector) a pesar de toda su fama y posterior repercusión, pues como digo en este artículo pienso ceñirme tan solo a las producciones que efectivamente pude ver en los años 80 y no con posterioridad. Es por ello que las obras mencionadas aquí veréis que tan solo son apenas un puñado (y no necesariamente las mejores que había en la época) de entre las que tuvimos ocasión de ver durante aquellos dorados años en mi país.

Precisamente a lo largo de lo que sería ya toda la más reciente década del 2000 es cuando, cuantitativamente, puedo decir que más habré investigado acerca de los grandes clásicos antiguos y también sobre algunas obras no tan conocidas de años remotos, tratando así de expandir mis conocimientos sobre este apasionante mundillo y, todo hay que decirlo, porque simplemente me encanta seguir viendo y descubriendo obras de esas épocas antiguas: tanto por su dibujo, animación, ritmo, música como temáticas tratadas. Es por ello que igualmente todas las obras de los años 80 (e incluso anteriores) que luego he visto ya en edad adulta como es lógico tampoco se van a ver aquí mencionadas (y son bastantes, debo decir), pues como digo en este artículo me quiero limitar a hablar tan solo sobre lo que estrictamente veía yo de pequeño. Es decir, plasmar únicamente lo que sería mi punto de vista subjetivo y no el de cualquier otra persona, que tendrá a su vez sus propios recuerdos atesorados en este ámbito.

Llevando mis “recuerdos manganimeros” a lo más remoto que mi (nada extraordinaria debo decir) memoria me permite visualizar, lo primero que acude a mi mente son unos muy vagos recuerdos sobre aquéllas series que entonces emitía la única cadena de televisión de mi país (TVE) y que veían ocasionalmente mis dos hermanos mayores: series como Mazinger Z, Comando G (Gatchaman), Marco y otras que no logro ahora mismo recordar con claridad debido a la corta edad que tenía entonces (sobre los 8 o 9 años), siendo además yo el menor de la casa, por lo que tenía que estar a menudo a “remolque” siempre de lo que hacían mis mayores. Estaríamos a principios de los 80, una gran década de cambios y experimentación como bien recordarán los que la vivieron, en especial en sus primeros años. Luego ya hay que reconocer que muchos artistas de la época (y en todos los ámbitos: música, cine, televisión…) se “apoltronaron” un poco respecto de la gran creatividad mostrada en aquellos primeros años, pero al menos mucho de lo que se hizo entonces acabó siendo prácticamente tan bueno como la floreciente década de los 70 (aún más encumbrada si cabe entre los nostálgicos de mayor edad).

De todos modos debo decir que esas populares series de Anime antes mencionadas nunca llegaron tampoco a “engancharme” demasiado: ni en aquél momento descrito, ni luego muchos años después cuando simplemente por curiosidad decidí darles un nuevo revisionado, en una de las numerosas reemisones televisivas que ha habido desde entonces. Mazinger Z debido principalmente a su clamorosa simplicidad estética (con el “acartonamiento” tan característico de su dibujo o su pobrísima animación, incluso entre obras de su misma época de los años 70) y muy especialmente por su cansina repetición de unos mismos planteamientos episodio tras episodio, que hacían a uno exasperarse como espectador.

Respecto a otro gran clásico de la época como fue Marco qué decir: seguro que quienes recuerden la serie aún a día de hoy será sobre todo por lo exageradamente dramática que era, hasta el grado de hacerle perder a menudo incluso el necesario realismo que la obra requería, siendo además falsamente “vendida” en occidente como una obra infantil, cuando no lo era en absoluto. Y eso que si seguís habitualmente este blog sabréis la altísima consideración en la que tenemos en particular a Isao Takahata (de su socio ya ni hablar), pero con esta obra la verdad es que el buen hombre “se pasó tres pueblos” en el apartado lacrimógeno.

Por otra parte me gustaría incidir en lo comentado acerca de las contínuas reemisiones televisivas que se hacían de estos grandes clásicos, debido a que realmente había pocas series disponibles en aquellos años para ser emitidas (ya no sólo en España, sino en general en todo el mundo occidental), por lo que era normal que  luego éstas fueran reemitidas en no pocas ocasiones (a veces ininterrumpidamente durante años: dándose el caso de series que en cuanto acababan eran de nuevo emitidas al poco tiempo), por lo que niños y jóvenes de edades muy diversas que las siguieron entonces es normal que aún a día de hoy las recuerden como tesoros comunes de infancia, a pesar de llevarse incluso un buen puñado de años entre sí.

Precisamente ése sería mi caso, pues entre mis dos hermanos mayores y yo nos llevamos unos cuantos años de diferencia, y aunque éso se nota obviamente en el ámbito de las aficiones que luego pueda desarrollar cada cuál (propiciando la “brecha” generacional como sabemos el que se dé una mayor diversidad de gustos en función de la mayor diferencia de edades), a pesar de todo algunos de los más entrañables recuerdos sobre las series de infancia no es raro tampoco que como decía antes puedan ser bastante comunes, debido a la comentada política de reemisiones televisivas que había entonces. Debo decir que tampoco es que fueran mis hermanos demasiado aficionados a las series de Anime como tales. Simplemente las veían porque en aquél entonces no es que hubiera tampoco mucho más donde elegir, y el hecho que fueran series japonesas daba un poco lo mismo en definitiva en aquellos tempranos años. Como si se trataba también de las típicas series norteamericanas que supongo todos habremos visto de niños (las clásicas de Hanna-Barbera o las de la Warner): uno veía simplemente lo que daban por televisión y punto, sin importar demasiado la procedencia de aquellas obras.

Así pues, hubiera en mayor o menor grado esa evidente “brecha generacional” entre mis hermanos mayores y yo en cuanto a la afición por estas series, lo cierto es que con mi hermana mayor (con la que tan solo me llevo apenas un par de años de diferencia) fue con quien siempre estuve lógicamente más en “sintonia” en todos los aspectos debido a esa mayor proximidad generacional, incluyéndose aquí por supuesto el tema de la afición por el manganime. Y ello a pesar de la diferencia de género, un factor importante que me gustaría remarcar y que sin duda me ha hecho ver luego esta afición desde una perspectiva digamos que nada “tópica” entre los de mi generación concreta y mismo género.

Y es que si en aquella época lo que se llevaba sin duda entre los chicos eran las series de mechas y aventuras espaciales en general, por mi parte el haberme acostumbrado a ver desde niño las mismas series que veía mi “onee-sama”, como la entrañable Heidi, Jackie y Nuca o la no menos mítica Candy Candy (de las que aún conservo por cierto unos muy gratos recuerdos), sin duda todas ellas sirvieron para “curtirme” como aficionado e influyeron decisivamente en el posterior perfil propio que, como fan del Anime en general, luego yo desarrollaría con los años por mí mismo. Obviamente sin esa “base” previa, esa siempre necesaria diferente perspectiva, no me habría resultado tan fácil adentrarme luego en el mundo del Shoujo, cuando en especial a principios de los 90 fui cautivado sin remedio por las obras de las CLAMP, de Naoko Takeuchi, de Narumi Kakinouchi y de tantas otras grandes autoras en este ámbito. Hasta el punto que a todos aquellos y aquellas que apenas se están iniciando en el heterogéneo mundo del manganime suelo recomendarles siempre que nunca se limiten a un cierto tipo de obras, por más que les pueda gustar una temática concreta, sino que abran su mente sin prejuicios a los más diversos estilos y temáticas posibles. Sin duda lo agradecerán con el tiempo.

Tengo que decir eso sí que mi hermana, al igual que mis otros dos hermanos mayores, no es que fuera en absoluto una gran fan del manganime. Ni lo era entonces ni tampoco ahora, sino que siempre se ha limitado a seguir puntualmente aquellas obras concretas que en un momento dado más le hayan podido interesar. Realmente el único “devoto” (prefiero emplear mejor este término que el de “friki”) por el manganime que ha habido en mi familia habría sido tan solo yo de hecho. En ocasiones he conseguido que tanto unos como otros vieran algunas de las series o películas (sobre todo éstas últimas, por cuestiones de tiempo más que nada) que yo con la misma ilusión de siempre he seguido recomendándoles, más que nada para que no se perdieran las grandes obras que la industria ha ido producido a lo largo de los años. Pero más allá del gusto compartido que todos en mi familia tenemos aún por las maravillosas obras del Studio Ghibli (transmitido ya convenientemente a mis sobrinos) la verdad es que nuestras respectivas aficiones han sido por lo general bastante diferentes entre sí, por lo que de este tema poco más puedo hablar ya.

Dejando ya atrás la “influencia fraternal” primigenia (que como supongo todo aquél que tenga también hermanos mayores habrá pasado igualmente por ella en sus aficiones de infancia), entraríamos en una segunda etapa bien diferenciada, como fueron mis primeros pasos ya como aficionado por mí mismo al mundo del manganime. Estaríamos aquí aproximadamente a mediados de los años 80, y las series que yo veía por aquél entonces (ya con mucha mayor asiduidad que en aquella primera etapa comentada, que apenas fue de simple “curiosidad” inicial) eran las típicas producciones tan recordadas aún a día de hoy que salieron de factorías tan ilustres como la Nippon Animation y otras, unas producciones habitualmente plagadas de “tiernos animalitos” con características antropomórficas y comportamientos ejemplarizantes que hacían nuestras delicias en aquél tiempo.

Grandes obras como Banner y Flappy, Sherlock Hound, así como adaptaciones de cuentos clásicos y novelas juveniles de toda la vida (Nils Holgersson, Tom Sawyer, Alice in Wonderland…) así como las estupendas co-producciones que en aquellos años fueron tan habituales entre Europa y Japón, como Vicky el vikingo, La vuelta al mundo de Willy Fog, D’Artacan y los tres Mosqueperros, Ulysses 31, Érase una vez… el espacio, La abeja Maya y alguna otra más que probablemente me dejo en el olvido.

Todas ellas por cierto GRANDES OBRAS conviene añadir, destacando no sólo por un gran encanto en su grafismo (en especial en el diseño de personajes y en las ambientaciones) sino también por su importante carga de valores humanos que llevaban siempre implícitos sus argumentos. Y es que sólo con echar la vista atrás aún recuerdo con una gran calidez muchos de los grandes momentos de esas series que me acompañaron en la infancia, y que no sabéis cómo me alegro sobremanera de haber visto entonces. En especial si comparo todas esas series mencionadas con muchas de las “vergonzantes” producciones norteamericanas de dibujos animados que como contrapartida había en la época (…e incluso que sigue habiendo hoy en día, como he podido constatar), donde las situaciones absurdas, la risa fácil, la mueca estúpida, el histrionismo, el culto a la propia imagen y el nada disimulado fomento de la sociedad de consumo por desgracia estaban tan a la orden del día, en lugar de transmitir como en aquellas obras de Anime antes mencionadas unos auténticos valores útiles en la formación de los más jóvenes de la casa (y eso que el Anime como sabréis sigue siendo para muchos aún sinónimo de “sexo y violencia”… en fín, lo que hay que oir).

Gracias a todo ese conjunto de obras antes citadas me adentré en particular en dos ámbitos que a la larga se convertirían en mis favoritos en lo que ha sido mi larga experiencia posterior como devoto aficionado: el mundo de la aventura (en un sentido muy amplio) por una parte y el de la fantasía (incluyendo la Ciencia-ficción) por otra, dándose además unos geniales cókteles cuando se combinaban ambos con la suficiente habilidad. Es curioso además que aunque muchas de esas obras estaban protagonizadas o contaban con personajes que en definitiva eran animales “humanizados” (que hablaban como personas y hasta se vestían como nosotros, reproduciendo en sus respectivos ámbitos lo que sería nuestra propia sociedad en definitiva), a pesar de todo contaban con unos planteamientos de base, unas situaciones narradas y unos conflictos expuestos que resultaban de lo más cercanos y realistas, lo que nos hacían sin duda “conectar” con estas obras con una gran facilidad y hasta familiaridad (y tener una especial empatía con sus adorables y carismáticos personajes). Un rasgo éste que siempre me ha parecido que han sabido transmitir infinitamente mejor las producciones japonesas que no las obras de animación occidental.

El espíritu aventurero que rezumaban grandes clásicos como La familia Robinson o Tom Sawyer dentro de lo que serían las producciones más “realistas” de aquellos tiempos calaron muy profundo dentro de mí, preparando sin duda el camino para las grandes epopeyas aventureras que vendrían años después. Por no mencionar las grandes historias épicas de Ciencia-ficción como Ulysses 31 o el Capitán Harlock, que sirvieron decisivamente para que cada vez más me fuera adentrando en ese particular género por el que a lo largo de mi vida he llegado a sentir tanta predilección (y además a todos los niveles: tanto en el ámbito de la literatura, la ilustración, el cómic, el cine, la televisión…)

Incluso si fuéramos más allá de lo que serían esos dos grandes ámbitos para mí tan queridos como la aventura y la fantasía en sentido amplio, y entráramos en otros que en lo personal ocuparían ya un “segundo plano” a nivel de gustos personales, como sería por ejemplo el ámbito estricto de la comedia, encontraríamos también en los dorados años 80 las raíces de mi posterior afición por este género concreto dentro del mundo del Anime, en especial con dos inolvidables y desternillantes producciones como fueron el Dr. Slump y La pequeña Polon. Unas obras ambas tan extremadamente encantadoras y tan cargadas de imaginación y gracia que aún a día de hoy las sigo teniendo en el lugar más alto entre mis principales referentes en este ámbito.

Años después le llegaría por supuesto “su turno” igualmente a otros géneros clásicos del amplio y variado mundo del Anime en los que con posterioridad también me adentraría, como las obras de acción y artes marciales, las grandes sagas de Mechas, los clásicos de deportes, los sempiternos romances escolares e incluso áreas ya mucho más minoritarias (y sobre todo adultas) como el género histórico, la intriga policiaca e incluso el ámbito del terror, pero todos ellos en definitiva corresponderían a una posterior etapa en mi trayectoria como devoto aficionado a este mundillo (en especial tras el “Boom” del 90) que prefiero relatar mejor en otra ocasión.

Publicado el 19 febrero 2013 en Columna de Sigfrido y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. recuerdo a tom .s que pones como primera imagen esta serie me gusto mucho recuerdo al maestro que tenia y su latigo q usaba cuando los alumnos se portaban mal, luego aquela vez cuando llego al pueblo de ton ese charlatan con su posion milagrosa q curaba todo y que en verdad era purgante, tambien ese gran cap donde tenian que lidiar con el indio asesino y como no la final con la guapa maestra. de las otras ya te mencionare otro dia

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