Los siete pecados capitales de nuestro mercado

En RANKO Magazine como sabréis a menudo reflexionamos sobre “los males” que a nuestro entender aquejan al mundillo del manganime en nuestro bendito país. En diversos artículos de opinión (así como también en algunos comentarios de respuesta a usuarios) hemos sacado a relucir algunas de las más arraigadas miserias, vicios, complejos y aspectos diversos de lo más cuestionables (cuando no ya directamente denunciables, por moverse en el terreno de la ilegalidad) que “torpedean” directamente la línea de flotación de lo que sería un mercado autóctono saludable, variado, de calidad y sobre todo con visos de tener augurado un cierto futuro, pensando muy especialmente en las nuevas generaciones que estén por venir.

No obstante, y como fácilmente podréis ver también, basta con repasar algunas de estas reflexiones y comentarios realizados durante todos estos años para darnos cuenta que su habitual denominador común se enfoca sobre todo en los propios aficionados (que obviamente como destinatarios finales siempre son lo más importante en este tema, pero no son el único factor determinante, desde luego), ni tampoco merecen en justicia ser a nuestro parecer quienes siempre deban “llevarse los palos” de nuestras críticas por comportamientos de los llamados indeseables -o cuanto menos poco recomendables- tales como la piratería o la perniciosa cultura del “todo gratis”, que aquí hemos censurado en no pocas ocasiones (pero que cada vez parece por desgracia más extendida entre nuestros fans), causándole un tremendo daño a nuestro ya de por sí maltrecho mercado nacional.

Es por ello que en esta ocasión me gustaría incidir en aquellos aspectos ciertamente mejorables (y algunos desde luego que de lo más censurables también como veréis) de los que a menudo pecan “los del otro lado del río”, es decir, desde el punto de vista esta vez no de los aficionados sino de las propias compañías editoras en nuestro mercado autóctono. Se trata por supuesto de hacer crítica constructiva con el mejor de nuestros deseos, y también un poco de cara a “abrir los ojos” a quienes a menudo de manera tan becerril se obcecan en no querer ver la realidad en la que nos movemos hoy en día. Y todo ello por supuesto con la mayor humildad por nuestra parte, ya que la decisión final obviamente va a recaer en quienes tienen “la sartén por el mango” en estos temas, así que nosotros aquí realmente poco podemos hacer más que poner de manifiesto unos hechos y expresar unas opiniones. Nada más que eso. Luego ya quienes no gusten de aceptar críticas o hasta se puedan sentir ofendidos por algo así probablemente lo que tengan es un problema (a nivel empresarial desde luego, y quién sabe si de otro tipo también).

Así pues, comenzamos ya con nuestro particular recorrido por:

Los 7 pecados capitales de nuestro mercado

1 – Precios (objetivamente) excesivos

No se trata aqui de reproducir el eterno debate de si el Manga o el Anime que se publica en nuestro país es más o menos caro en comparación con otros mercados de nuestro entorno o del otro lado del charco (ni hablar ya del mercado japonés de origen, literalmente situado “en otro mundo”), o si son acordes con los costes de producción o de distribución, sino que, dejando incluso todo eso de lado, plantearse únicamente ésto: si los precios se ajustan a la realidad actual de nuestro país.

Cuando una crisis económica ha hecho estragos a todos los niveles entre la población (y lo peor de todo, que la recuperación efectiva no parece estar a la vista), lo que antes era una afición ya de por sí minoritaria puede llegar a convertirse peligrosamente en un “lujo” sólo al alcance de unos pocos privilegiados. ¿Hasta cuándo podrá ser entonces rentable el seguir publicando material original en nuestro país?

2 – Ausencia de alternativas más económicas

Un tema claramente vinculado con el anterior que viene siendo también una de las losas tradicionales de nuestro modesto mercado. La concepción clásica en nuestro país (bastante simplista hay que decir) de separar sin más aquellos que son “consumidores de manganime” de los que no, y tratarlos a todos luego de la misma forma sin complicarse la vida (“si te gusta ésto a nuestro precio lo compras, y si no pues nada”), cuando entre los propios consumidores cualquiera que viva en el mundo real sabe que hay una amplísima diversidad de perfiles (y no hace falta de hecho hacer un caro estudio de mercado para darse cuenta de ello): desde estudiantes con pocos -o nulos- recursos, asalariados por cuenta ajena (generalmente con contratos basura), parados, autónomos, aficionados acomodados y hasta coleccionistas de lo más exigentes capaces de gastarse grandes sumas sin  pestañear, y todos ellos tratados exactamente igual a pesar de su muy diversa condición y posibilidades económicas. De nuevo en pocas palabas: “o te gusta nuestro precio, o ajo y agua”.

¿Por qué no se potencia en nuestro país como se debería el tema de las ediciones económicas? ¿Qué aficionado se va a “rasgar las vestiduras” o sentirse herido en su orgullo por no poder comprar una serie o una película que desee adquirir por ofrecérsele únicamente en la opción súper-mega-hiper-chachi coleccionista, o si no nada? La alternativa más económica no debería ser únicamente algo anecdótico que aparece con el tiempo para agotar existencias, sino explotarse debidamente desde el lanzamiento mismo de un producto en nuestro mercado (y más como está el patio).

3 – Desconocimiento de los gustos de los fans

Si el punto 2 estaba íntimamente ligado al punto 1, éste se puede decir que estaría ineludiblemente unido a ambos. Creo que cualquiera que lleve unos cuantos años como aficionado al manganime en nuestro país se habrá preguntado en alguna ocasión el típico “¿Y ésto cómo es que lo sacan aquí?, por no hablar del más común aún “¿Y ÉSTO POR QUÉ *^@¨*^/=? NO LO SACAN? (póngase ahí la expresión que uno prefiera). Está claro que cuando algo así se repite tanto (en uno y otro sentido además) es que las cosas obviamente no se están haciendo como se debería, o al menos como sería más razonable hacerlas a tenor de los gustos de nuestros aficionados.

Todos sabemos de las dificultades que hay para traer determinadas licencias a nuestro país, lo duras que pueden ser las condiciones impuestas de origen, las negativas a según qué formas de explotación (e incluso el reparo hacia ciertos mercados, no siendo el nuestro precisamente de los más apetecibles para las empresas niponas por las causas que todos conocemos), pero es indudable que hay ciertas obras que cualquiera que esté un poco metido en este mundillo sabe de su potencial éxito de ser publicadas en nuestras fronteras (y cuáles no, evidentemente).

Demasiado a menudo vemos como obras de lo más cuestionables -a todos los niveles- acaban viendo la luz en nuestro modesto mercado, y en cambio cómo siguen inéditas aún grandes joyas por las que nadie parece querer apostar a pesar de contar con el apoyo de crítica y público (ambas perfectamente verificables si se sabe acudir a los medios adecuados, o bien que el ejecutivo de turno conozca de por sí el mundillo con cierta profundidad, algo que entendemos que debería ser inexcusable a esos niveles).

4 – Menosprecio a los propios aficionados

Por extraño que parezca ésto es algo que lamentablemente sucede con tanta frecuencia y de manera tan burda que, incluso observándolo uno a cierta distancia, llega a provocar vergüenza ajena el contemplar ciertos casos de los más flagrantes -y sonrojantes- de maltrato hacia los propios aficionados, cuando en definitiva ésos mismos son el consumidor final que de hecho va “a soltar la pasta” para hacerse con toda la ilusión con sus títulos favoritos (por lo que ya sólo por ello deberían ser tratados de una manera exquisita), debiendo en cambio superar muy a su pesar no pocas piedras en el camino (y algún que otro canto rodado enorme, más propio del coyote y el correcaminos).

Que las ya de por sí pocas editoras que en nuestro país se dedican a traer Manga y Anime a nuestras fronteras no cuenten con adecuados medios que permitan el siempre necesario “feedback” con sus potenciales compradores (más sangrante si cabe con las facilidades que permiten los medios tecnológicos de hoy en día), resulta cuanto menos llamativo y deja ciertamente retratado nuestro deficiente mercado nacional (aunque cuando a uno lo que no le interesa ver es que queden reflejadas en su propia web críticas justificadas el tema adquiere ya un tono de patetismo e ineptud bastante lamentable), pero más insólito aún resulta comprobar en aquellos casos en que sí que se ofrece una posibilidad de comunicación directa a los consumidores que a éstos se les llegue a tratar de una manera tan inapropiada y con una total falta de tacto (y de educación, recayendo incluso en la ofensa personal) tan y tan graves que cualquier asociación de consumidores se frotaría las manos ante la perspectiva de poder “hincarles el diente” de llegarles denuncias y reclamaciones a sus oídos.

Los consumidores son éso ante todo: consumidores. Ni borregos ni estúpidos a los que simplemente dar largas en vez de las oportunas explicaciones que merezcan, y menos aún faltarles al respeto. No es ya un tema de simple educación elemental, sino que dicho trato exquisito va necesariamente implícito en el propio negocio de la compraventa. Y el que no lo vea así, pues simplemente que se dedique mejor a otra cosa, porque como negociante lo lleva crudo.

5 – Inadecuada auto-promoción de las obras

Por no decir nula en la mayoría de ocasiones, como por desgracia estamos tan acostumbrados a ver. Todos sabemos que el apostar por traer una obra de manganime a nuestro mercado supone ya de por sí una importante inversión, pero está claro que los costes no pueden quedarse tan solo en la obtención de una licencia y en la posterior distribución comercial de la obra en nuestro mercado, sino que hay que invertir también en algo tan decisivo como es la promoción del producto entre sus potenciales receptores. Hay franquicias clásicas que está claro que no precisan de ello en absoluto, pues su fama las precede y tienen todo ese terreno ya ganado entre los fans, pero, ¿qué ocurre con todas las demás que no cuentan con ese bagaje? De poco o nada sirve traer por ejemplo una película o serie de intriga, de terror, histórica o en general de cualquiera de los llamados “géneros menores” si luego no se preocupan por darla a conocer entre un público lo más amplio posible. ¿Es acaso rentable que sólo la vayan a adquirir al final los “cuatro gatos” de turno? (que además probablemente la conocieran de antes por sus propios medios, no gracias a ninguna promoción local en nuestro país). A nuestro entender está claro que no, siendo éste es un tema en el que obviamente hay mucho camino aún por recorrer.

Medios hay desde luego en nuestro país en los que llevar a cabo una adecuada promoción del producto que se desea implantar. Tenemos por una parte la tan denostada televisión, antaño uno de los principales motores de la introducción y la difusión del Anime en nuestro mercado, aunque por desgracia durante la última década ha venido sufriendo un paulatino desinterés por el mismo que llega hasta nuestros días, con una presencia prácticamnte residual (por no decir anecdótica) de obras de animación japonesa. ¿Por qué no tratar de confiar de nuevo en un medio tan idóneo como éste para su correcta promoción? No haría falta siquiera quitar su “espacio en parrilla” o cuota a las obras actualmente en emisión, sino apostar por ejemplo por horarios alternativos como ya se ha hecho en el pasado (programando obras marcadamente adultas en el correspondiente horario adulto, como es lógico).

Francamente, yo entre todos esos programas y series tan mediocres e insulsos, que ocupan sin ningún mérito horas y horas de espacio en las diferentes parrillas televisivas, encontraría sin duda los huecos necesarios para promocionar unas cuantas obras de Anime que lo merecieran. Pero como siempre la cuestión está en si se decide apostar o no por ello, y por supuesto en la inversión que conllevaría realizar. Pero qué duda cabe que tras un oportuno pase televisivo el número de potenciales compradores del producto en vídeo crecería exponencialmente, habiendo dado a conocer entre el público lo que se desea vender, minimizando así la desconfianza natural que podrían tener ante un producto “extraño”, así como también servir al mismo tiempo como un conveniente filtro de calidad en cuanto a la aceptación de dichas obras entre el público (y que les ahorraría de paso ciertas inversiones “de riesgo” en cuanto al número de unidades a poner a la venta en el mercado, en el caso de poder contar con el valioso dato de su recepción tras su pase televisivo).

Y por supuesto más allá de un medio tan tradicional como el televisivo no habría que olvidar tampoco otros ámbitos tan habitualmente infravalorados (e infrautilizados) como serían los grandes eventos de manganime, o las posibilidades enormes de difusión legal que permite la red. Si tanto en uno como en otro ámbito proliferara algo tan sencillo -pero a la vez tan productivo- como los episodios gratuitos de muestra, no cabe duda que el interés en las obras que se desean promocionar crecería también notablemente. Y más teniendo en cuenta que los propios estudios de animación como sabemos se esfuerzan especialmente en tratar de “enganchar” al espectador con sus trabajados primeros episodios, por lo que una vez fidelizados luego muchos de ellos pasarían a convertirse en más que posibles compradores de la obra en cuestión. ¿Acaso no merece la pena meter un episodio en un sencillo CD y regalarlo durante un gran evento, para que luego te compren una serie que va a estar valorada en más de 40 €? ¿O colgarlo en la web de la editora para su libre visionado público, logrando así el efecto de atraer aún más público y con menos costes incluso para su promoción al no precisar siquiera de un soporte físico? Nosotros creemos que desde luego sí merece mucho la pena.

6 – Reducción de costes “aceptables”

Y me gustaría remarcar especialmente lo de “aceptables” del titular, pues en este controvertido tema, que como sabréis suele dar para interminables debates, la clave de la cuestión suele radicar en el momento de determinar cuándo una edición ha traspasado o no la línea de lo que es admisible para el comprador medio (no para el coleccionista sibarita desde luego, sino para el “común de los mortales”, por así decirlo). Bien sea en la calidad de los materiales (packaging, discos, etc.), o en los propios contenidos audiovisuales (número de episodios en el caso de series, idiomas de audio, calidad de subtítulos, extras incluídos, etc.) o incluso en los obsequios promocionales que las ediciones puedan incluir, si hay algo que el comprador medio valora ante todo es que cualquier reducción de costes de una edición se corresponda luego con un precio ajustado y en concordancia con lo que nos quieren vender.

Como digo excluyo expresamente en esta cuestión a los contados coleccionistas y me sitúo en el plano del comprador medio, que como es normal no está dispuesto de ningún modo a que le pretendan vender a precio de oro una edición a todas luces “capada” en cuanto a contenidos o abaratada al máximo en cuanto a calidades de los materiales. Algo que por desgracia estaría a la orden del día en nuestro mercado patrio, y que las editoras se tendrían que plantear muy seriamente tratar de reconducir ya de una vez (empleando simplemente un criterio elemental: el sentido común).

En este apartado de lo que sería comunmente aceptable entre el público en cuanto a la reducción de costes de las ediciones no quisiera dejar de destacar cierto tema en concreto, que en los últimos años ha estado además de plena actualidad en numerosos debates públicos entre aficionados y responsables de distribuidoras, tanto en vivo durante la celebración de grandes eventos como de manera virtual en la red: se trataría de la controvertida cuestión de traer ediciones de Anime en versión original y sin doblaje de audio al Castellano, sino únicamente con el acompañamiento en su caso de los preceptivos subtítulos en nuestro idioma (y remarco en lo de nuestro idioma, no en el de otros países de habla hispana -con todo mi afecto y respeto para ellos, que conste- pero si un consumidor español paga por un Anime traducido al Castellano se sobreentiende que debería ser el que se habla aquí, no a 9.000 Km. de distancia).

Si de lo que se trata es de poder ofrecer un producto a un precio mucho más ventajoso por ahorrarse los costes de doblaje creo que pocos no le daríamos el beneplácito a esta medida (además que así probablemente acabarían llegando obras que de otro modo difícilmente veríamos por aquí, por una quizá complicada localización a nuestro idioma en el caso de algunas obras), pero si de lo que en verdad se trata es, como suele decirse, de pretender “darnos gato por liebre” (con una reducción de precio apenas perceptible de facto, o con unos subtítulos que hagan hasta daño a la vista) entonces está claro que ése no es tampoco el camino a la hora de reducir costes de manera “aceptable”.

7 – Captación de nuevos aficionados

Finalmente, pero no por ello menos importante: FUTURO, señores, FUTURO siempre en cualquier horizonte a contemplar. El presente y el pasado reciente nos pueden dar de comer hoy, pero están condenados tarde o temprano a pasar página, y muchos de sus títulos inevitablemente se van a quedar ahí, en su momento puntual de gloria. Pero hay que tener en cuenta que ésta puede ser de lo más efímera, así como otros muchos títulos pasar simplemente al olvido a los pocos años, por lo que más que satisfacer una demanda puntual del momento hay que saber también “sembrar el terreno” para los años venideros.

Entender al consumidor de manganime de nuestro país muchas veces como un reducido grupo de “frikis” treintañeros, muchos de ellos supervivientes del llamado “Boom de los 90”, y seguir sacando la enésima edición de Dragon Ball, Evangelion, Saint Seiya, Mazinger y demás no beneficia a la larga para nada a nuestro mercado, sino que lo más bien lo cristaliza y aletarga (o mejor decir lo “acartona”), corriendo el riesgo de volverlo cada vez más y más minoritario. En vez de sacar una edición hiper-mega-definitiva-DeLuxe de una de las obras que todo el mundo tiene ya en sus estanterías convendría desde luego apostar por otros muchos títulos que sin duda también lo merecen (incluso otros clásicos no tan populares). La clave es sin duda saber ampliar el mercado, ¡pero ojo!, no de cualquier forma ni con cualquier medianía tampoco (que sería lo fácil), sino con aquellas grandes franquicias aún no explotadas por estos lares y que cualquiera que tenga un poco de conocimiento del tema sabe ubicar perfectamente.

Ni que decir tiene también apostando sin complejos por títulos de calidad para un público marcadamente infantil. Sí, ésto por llamativo que pueda parecer a muchos es algo de lo más crucial para el futuro de nuestro mercado. Los fans al manganime que se capten hoy serán los compradores habituales de mañana (aunque evidentemente de otro tipo de obras, más acordes a su edad), por lo que descuidar o incluso atreverse a despreciar este importante sector de público supondría directamente un suicidio comercial a la larga. Y no hablo ya del Pokémon o el Inazuma Eleven de turno, sino que en el mercado nipón podemos encontrar -obviamente sabiendo buscar- una amplia oferta de títulos de calidad contrastada donde elegir para satisfacer también a los más pequeños de la casa (quienes en definitiva serán los futuros compradores del futuro, no lo olvidemos, y menos aún los despreciemos).

Éstos serían en definitiva los siete grandes “pecados capitales” que a nuestro entender atenazan a la industria del manganime en nuestro país. Sé que podrían mencionarse también otros adicionales (o accesorios incluso a los ya enumerados), pero sin duda los más flagrantes a nuestro entender son los que aquí hemos expuesto con detalle. Como la naturaleza de este artículo es puramente de opinión, si tras la lectura del mismo entendiérais que cabría hacer mención de alguna otra cuestión relevante también en este tema (o simplemente quisiérais dar vuestra opinión sobre los diferentes puntos expuestos) os invitamos a que nos lo hagáis saber a continuación con vuestros comentarios.

Publicado el 3 junio 2015 en Columna de Sigfrido y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 5 comentarios.

  1. Genial reflexión, sin duda. Comparto todos y cada uno de los puntos que se referencian aquí, y exclamo un “ojalá” que alguien con importancia en el mundo editorial vea en este artículo la inspiración necesaria para tratar de subsanar, al menos, algunos de los males endémicos de nuestra industria.

  2. ¿Qué te ha gustado más: la foto de la petarda o de las Monster High?

  3. Prefiero las Monster High, al menos tienen algo de dignidad.

  4. Vaya, al menos ustedes tienen un hueso al cual pueden roer quejándose aun que sea, pues Aquí en Perú bueno seria tener por lo menos sus posibilidades, aquí tienes que ir a eventos para poder pillar algo que seguro entró a la nación de manera poco legales…
    De todos los puntos me llamó la atención el 4to como es posible que traten mal a aquellos que les dan de comer? de todo me parece lo mas lamentable.
    Rezaré desde aquí para que su situación mejore. Buen articulo nos vemos.

  5. Me ha gustado mucho la idea de publicar el anime en VOSE para ahorrar costes. Además es algo que yo ya hago porque al escuchar el idioma original siempre se aprende alguna palabrilla o expresión nueva.
    También es interesante lo de pensar en los futuros consumidores de anime y las franjas de televisión para introducir nuevas series de adultos.
    Sí que es lamentable que traten mal al potencial comprador…

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